Nadie sabe quién ocupará en el futuro la jaula de hierro, y si al término de este monstruoso desarrollo surgirán nuevos profetas y se asistirá a un pujante renacimiento de antiguas ideas e ideales, o si, por el contrario, lo envolverá todo una ola de putrefacción mecanizada y una convulsa lucha de todos contra todos.
(Max Weber, La ética protestante y el espíritu del capitalismo, V ยง249)