El discurso dominante impuso, desde hace veinte años, el uso del término mundialización (a veces escrito en ''franglés'', ''globalisation'') para designar, de manera general, los fenómenos de interdependencia a escala mundial de las sociedades contemporáneas.
La asociación entre liberalismo económico y autocracia política conviene a la clase dominante, gestionaria de las sociedades de la periferia capitalista. Según la interpretación de Amin, no será nada extraño que Estados Unidos se aproveche de los servicios que le presta el islam político para su proyecto de hegemonía mundial porque no está de ninguna forma en oposición al imperialismo, todo lo contrario, es su perfecto servidor.
Existe una especie de consenso amplio -gracias también al derrumbe de las primera experiencia de construcción de una alternativa socialista- sobre la idea de que el capitalismo representaría un horizonte insuperable.
Esta interpretación olvida una serie de características nuevas, a través de las cuales se expresa lo que suelo definir como la ''senilidad'' del sistema capitalista.
El imperialismo no es una etapa, ni siquiera la etapa más alta del capitalismo: desde el comienzo es inherente a la expansión del capitalismo. La conquista imperialista del planeta por los europeos y sus hijos norteamericanos, se realizó en dos fases, y quizás esté entrando en la tercera